
Diario Critica de la Argentina, dia Domingo 22 de junio

Historias del Ascenso: la cancha que desapareció
La cancha de Central Ballester desapareció: se la llevó una villa. No es una metáfora, fue una realidad. La historia la cuenta Fernando González, el presidente de este club que juega en Primera D y es el único afiliado a la AFA que, además de estadio, tampoco tiene sede: “Somos el club más pobre del país, pero lo que nos pasó con la cancha fue por mala suerte”.
“Cuando ascendimos a la C, en 1996 –continúa González–, la AFA clausuró momentáneamente nuestro estadio, que quedaba en José León Suárez, al lado de la villa La Cárcova. Entonces tuvimos que alquilar la cancha de Colegiales y notamos que La Cárcova empezó a crecer. Pero creció tanto que un día, aprovechando que nuestro estadio no se usaba, los ocupantes del asentamiento rompieron el alambrado, entraron al campo de juego, tomaron el terreno y se instalaron. Nunca más pudimos jugar ahí. La cancha desapareció, no queda nada.”
La toma del estadio también amenaza a otros clubes, como a Barracas Central, de la Primera C, cuyo estadio está ubicado en las proximidades de la villa 21. Según un folleto repartido por vecinos de Barracas y Parque Patricios,
“los dirigentes del club se turnan para dormir dentro de la cancha porque corre peligro de ser tomada. Ya hubo enfrentamientos con muchos heridos”. Pero, hasta ahora, Barracas resiste.
En cambio, desde que su estadio desapareciera, Central Ballester se convirtió en un paria que va de un lado a otro. Ahora alquila el estadio de FC Urquiza, curiosamente llamado El Monumental de Villa Lynch, que tiene capacidad para 500 personas y un palco de prensa, escrito en inglés –press–, con cuatro sillas. Pero la buena noticia es que, hace quince días, Ballester empezó a construir su estadio. “Está en Camino del Buen Ayre y Sarratea. Esperamos inaugurarlo a fin de año. La ilusión también es tener una sede.
Ahora somos diez locos yendo de un lugar a otro, como gitanos, para reunirnos”, dice González.
La reconstrucción de Ballester está en marcha, pero tampoco será fácil. Son tan pocos los socios que pagan los 6 pesos de cuota que González responde con una precisión imposible de encontrar en otros clubes: “Ahora tenemos 112 hinchas que pagan todos los meses”.
Al menos, Ballester –cuyo clásico histórico es Acassuso– ya no sufre el robo de camisetas, como le pasó cuando aún jugaba en José León Suárez. “Un grupo de muchachos entraron al vestuario y se llevaron toda nuestra indumentaria.
Pero ahí se nos ocurrió una solución original: como tenemos los mismos colores que Rosario Central, nos pusimos en contactos con ellos y nos mandaron dos juegos de camisetas que les habían quedado del año anterior. Las usamos toda una temporada, con el escudo de Central y todo, hasta sus sponsors”, recuerda González, que se despide con una frase de cabecera: “Somos el club más pobre, pero el de mayor corazón”.
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El Club Social y Deportivo Central Ballester agradece a "Critica de la Argentina", por haber tenido la gentileza de tener en cuenta al club para realizar esta nota.
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